Comencemos por lo más relevante: nuestros expedicionarios ya se encuentran instalados en su dormitorio de la Air Force Academy y, según el último mensaje SMS recibido, a punto de irse a dormir después de estar jugando durante más de 90 minutos a tenis. ¿Tenis? ¿Campus de hockey? ¿Mande?
¡Y bien que les irá, después del tute de hoy! Hemos conseguido sobrevivir bastante dignamente a una segunda noche de jet lag, y esta vez nuestros héroes han conseguido dormir hasta las 6.30 de la mañana. Aunque no lo parezca, eso es una buena noticia, porque es la misma hora a la que sonará el "Quinto Levanta" (versión country) en el campus. Tras un buen desayuno a base de bocatas de huevo frito, jamón, bacon y queso ha llegado la hora de los piques sanos entre hombres, a base de unas intensas partidas de mini-golf. Dejaremos para la especulación el resultado final, aunque hay constancia gráfica de las hojas de puntuación de los participantes. Alguno ha salido con la cara larga...
La verdad es que hoy hacía mucha calor, y apetecía esconderse en algún lugar fresco. Así pues, nos hemos ido a comer junto con nuestro anfitrión Kevin, y después... ¡llegó el gran momento! La primera en la frente ha sucedido en la entrada al recinto de la Academy, dotada de grandes medidas de seguridad. A un servidor le han pedido el carnet de conducir como documento identificativo, y al ver ese papelito de color rosa que todavía tenemos algunos han tenido que darle algunas vueltas hasta que han decidido darlo por bueno. Si me hubiesen pedido el DNI habría sido más fácil, la verdad. Cosas de militares, es de suponer.
Tras pasar por delante de un avión bombardero expuesto para el público ("Sergi, ¿tiene bombas dentro") nos hemos enfrentado al proceso de inscripción en la propia pista de hielo ("Osti, Pablo, has vist quina passada?"), que ha funcionado a la perfección. Eso sí, la segunda en la frente, en palabras del super-entrenador o head coach: "No os penséis que sois los más exóticos de por aquí, que hemos tenido una pareja de jugadores de Abu Dhabi." Vale, pero esperemos que nuestro nivel sea algo superior...
Y desde la pista de hielo a los dormitorios, en los que habitualmente duermen los cadetes de la Academia pero que ahora han quedado liberados para los participantes del campus. Aquí el proceso de registro y entrega de llaves era algo más intimidador, porque lo hacían los propios cadetes, con el traje "de guerra" puesto. La verdad es que eran todo amabilidad, pero claro, entre el idioma raro y el uniforme de camuflaje, la cosa tenía su qué. Y ahí ha llegado la tercera en la frente: ¡la habitación asignada a nuestros dos hombrecillos se encuentra justo enfrente de la un teniente coronel, jefe de un escuadrón de F-22 Raptor! La cara de los nuestros era todo un poema cuando se lo hemos explicado. Quien sabe, a lo mejor el hombre es un encanto, pero seguramente será mejor no tentar a la suerte.
Eso sí, tanto Pablo como Gerard están encantados con la habitación, hasta el punto de preguntar si era para los VIP... inocencia infantil... En la habitación les hemos dejado, a punto de irse a cenar y a un primer briefing de seguridad bajo la regla "que a nadie se le ocurra merodear fuera de las zonas autorizadas" y algo tensos ante lo que se les pueda venir encima. Y para que no se relajaran les hemos dado un último consejo: en la Academia llegar puntual a un lugar o a una cita significa llegar cinco minutos antes de la hora señalada - y el head coach del equipo de hockey aplica esa norma a rajatabla! Se han quedado haciendo cábalas sobre si era posible ponerse y quitarse la equipación de hockey en 15 minutos. ¿Os imagináis que aprenden eso???
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