En efecto, después de un viaje bastante placentero en coche, llegamos a Unna el sábado por la tarde. Ya durante la tarde anterior y a lo largo de la mañana se sucedieron una serie de mensajes Whatsapp con origen en los tres expedicionarios ibéricos que ya se encontraban en el lugar de destino. Esperaban con cierta ansia nuestra llegada para, entre cosas, poder escaparse del recinto de la pista de hielo y visitar un poco el centro de la ciudad. Bueno, esa era la excusa "cultural". En realidad, las ansias provenían de su deseo de zamparse una pizza o cualquier otro alimento de aspecto italiano en algún lugar lejos de la cafetería que tan bien les había nutrido durante los seis días anteriores. Por suerte, y gracias a nuestros conocimientos de la zona, pudimos satisfacer sus deseos, tanto en el aspecto culinario como en el cultural. Con ello ya le quitamos los nervios a tres jugadores.
Pero... por la noche llegaron las tres autocaravanas procedentes de Pamplona, todas ellas con jugadores/-as en diversos estados de histerismo ante un aventura desconocida para ellos. ¿En qué idioma me hablaran? ¿Entenderé a los entrenadores? ¿Con quién dormiré? ¿A qué hora hay que levantarse? ¿Por qué no me cambian de grupo? Hoy, después de los primeros entrenamientos ya se encuentran todos más relajados (¿cansados?), porque ya saben a que atenerse.
Los peores nervios los han pasado posiblemente nuestras intrépidas jugadoras, que han debido enfrentarse ellas solitas a un vestuario "hostil" (en el sentido de que ninguna otra chica habla castellano, ¡habrase visto!), a una cierta inseguridad respecto de sus propias capacidades (superiores a las de muchos otros participantes, pero hace falta que se lo crean) y a un cierto despiste propio de la edad adolescente. En fin, que han requerido de una buena dosis de "coaching" a cargo de su "personal trainer" (expresamente importado al efecto desde Pamplona para aportar sus habilidades de mano izquierda en el tratamiento con féminas) y de este humilde escribano, bastantes más tosco en sus planeamientos, sin duda merced al embrutecimiento sufrido por la larga exposición a jugadores de género masculino.
Otros que han pasado nervios han sido nuestros porteros, uno por defectos en su equipamiento (le ha crecido el pie y ha descubierto que los patines le vienen estrechos, y encima ha partido su mejor stick a las primeras de cambio), y otro porque no ha visto nada claro eso de tener que detener disparos de jugadores de más edad que la suya. También en estos dos casos los nervios se han ido disipando a medida que poníamos soluciones a los problemas.
Y por ultimo, también han pasado algunos nervios aunque no hayan dicho nada las madres y padres que se han desplazado hasta tierras teutonas. Problemas mecánicos en una de las furgonetas, sufrimiento por los hijos dejados en manos de robustos monitores teutones, preocupación por lo que comerán... nada que no pueda solventarse con un buen café y una larga tertulia de sobremesa, como así ha sucedido.
Mañana tenemos sesión fotográfica oficial, los primeros entrenamientos de power skating, más sesiones de "shooting clinic" y otros acontecimientos que sin duda proporcionarán material para otra crónica. Mientras nadie se lesione o enferme, y mientras todos se lo pasen bien y su comportamiento siga siendo el adecuado, no hay nada de que preocuparse.
Desde Unna, para los pocos -pero selectos- lectores de este blog.
Sergi Giménez
Ubicación:Eishalle Unna, Alemania
Magnifico blog Sergi, gracias por el esfuerzo que supone escribir después de la paliza del día. Aun así debo decirte que nos sabe a poco, y que lo esperaremos todas las noches con nervios. Y si metes fotos sería la leche. Un abrazo a todos, y en especial a ti, Joxan y Eduardo, paciente y magnifico preparador de porteros de Pamplona.
ResponderEliminarNos ha encantado la crónica y nos damos cuenta que somos insaciable y queremos másssss, lo de colgar alguna fotico es una idea estupenda porque hemos dejado los ojos viendo el reportaje de la tv alemana, y oh! pena!! no hemos reconocido a nadie...
ResponderEliminarPasadlo bien, un abrazo desde Berrionzar