viernes, 2 de agosto de 2013

Pero... ¿ya se acaba?


  • "Oye, Sergi, ¿cuándo se acaba esto?"
  • "Pues mañana, porque estamos a viernes."
  • "¿Cómo?! ¿Mañanaaa? ¡Pero si no estoy nada cansado, y todavía no tengo los teléfonos de todas las chicas!"
  • ¨Pues vete espabilando, que queda poco. Y respecto a eso de no estar cansado, al ver como te arrastrabas por la pista a mi me ha parecido más bien lo contrario. De hecho, y por si lo quieres trasladar a tus compañeros, los entrenadores teníamos previsto un entrenamiento bastante más serio para hoy, pero al ver vuestro lamentable estado nos hemos apiadado".
[Nota: reproducción de un diálogo de hoy muy ajustada a la realidad]

Dejaremos el asunto de las hormonas para otra ocasión, porque al final los lectores de este blog pensarán que quien lo escribe es pariente del Abuelo Cebolleta (¡hala!, los jóvenes que comiencen a buscar por Internet). terrible estado de cansancio en el que algun@s se encontraban
Así que procuraremos centrarnos en cuestiones más deportivas, que también han dado de si. A la vista del "delicado" estado en el que algunos se encontraban, tras intentarlo por las buenas y por las "menos buenas", hemos decidido que los jugadores del Grupo 2 necesitaban un tratamiento especial, idéntico al sufrido por los del Grupo 3 (los mayores, para entendernos). Así pues, hemos organizado una competición de salto de altura sobre cajas de cerveza. Al encontrarme sobre el hielo no he podido tomar fotos, pero existen y os las haremos llegar. No os podéis imaginar las alturas que tod@s l@s jugadores/-as son capaces de alcanzar con tal de superar al equipo rival. Tras unos comienzos algo dubitativos, los españolitos se han puesto las pilas y han ido superando los distintos niveles de altura. Al final se ha producido un empate entre un chico teutón y nuestro Ares, que han conseguido saltar por encima de dos cajas de cerveza apiladas la una sobre la otra. Lo confieso: si se me ocurre intentarlo a mi, el aterrizaje habría sido de órdago.

A continuación, y para que no decayese la fiesta, hemos realizado una carrera de relevos "sobre" cajas de cerveza, esto es, se apilan tres cajas una encima de la otra, un jugador se sienta bien sobre ellas y el otro le empuja por un circuito establecido. La estabilidad de la torre de cajas es bastante precaria, así que alguno se ha bajado antes de lo previsto... para luego tener que subir de nuevo y completar el circuito. En fin, una verdadera burrada propia de países nórdicos. ¿A quién se le ocurre desperdiciar unas cajas de cerveza de esta forma?

En fin, después del último entrenamiento se ha celebrado la tradicional "salchichada" ("butifarrada" para los catalanes), con barbacoa, carnes de muchos tipos, ensaladas de todavía más tipos y un calor de espanto. Los más listos de todos han sido los jugadores, una vez más. Mientras sus sufridos padres se comían sus salchichas escondidos bajo las sombras de algunos árboles, los chavales han cogido su comida y se han ido para las gradas de la pista, donde se estaba mucho más fresquito. Y de paso se escondían de las miradas escrutadores de sus progenitores para poder seguir explorando la cuestión de la explosión hormonal.


Está claro que este tipo de desaires juveniles provocan reacciones negativas a los padres, que se han chupado algunos kilómetros para que sus amados retoños les relaten las aventuras de la semana. Pero como no es cuestión de quedar como el antes mencionado Abuelo Cebolleta, no queda más remedio que tragarse lo que haga falta y sublimar esa falta de cariño filial con un remedio que siempre es infalible:

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